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El valor de la pintura

20/10/2016

                      

            ¿Que el arte es caro? Depende de cómo se mire. Por supuesto que siempre existirá un arte de fuertes colecciones, alrededor del cual orbitan los grandes maestros contemporáneos de los que aún se pueden adquirir obras. Desde Cezànne o Braque hasta los actuales Kiefer o Hockney. También es cierto que existen numerosos casos de artistas que exponen regularmente con precios muy elevados. Dejando a un lado el análisis de sus méritos, créame, lector, que la especulación de intermediarios varios eleva de forma descompensada las obras de un buen número de artistas.

 

            Aunque mi fuerte no es el comportarme como un comercial al uso, aparte de que la naturaleza de mi trabajo me lo impide, trataré de compartir la emoción que la pintura aporta en mayor o menor medida a la vida. Haciendo cálculos de lo que hoy en día cuesta un smartphone de última generación, aparato que goza de un indudable éxito de ventas y que muchos usuarios cambian sin  reparo, un simple aficionado a la pintura podría llevarse de Arboreda una obra sobre papel seleccionada con atención por la Galería como la que acompaña el final de esta lectura. Si nos vamos a un viaje de tres o cuatro días con hotel, spá y derivados, ya podemos aspirar a un óleo trabajado con mimo por el pintor de confianza.

 

            Mas de uno se sonreirá ante estas divagaciones no sin razón. Una cosa no está reñida con la otra, y el sabor dulce de un grato viaje deja poso en el recuerdo, aunque se podría añadir que hay viajes que más vale olvidar. También es cierto que existe un considerable grupo de personas que nunca tendrán interés por el arte. Nada que objetar. Entonces ¿cúal es la diferencia? El viaje se acaba , el teléfono se estropea, como es natural. Sin embargo el cuadro elegido acompaña a uno hasta cuando quiera que así sea. Y si la elección ha sido atinada, esa pintura proporcionará sin duda disfrute a su propietario, pues toda obra encierra el misterio inaprensible de un tiempo detenido por su autor. Basta con echar la imaginación a volar para reparar en lo bello de esta afirmación, que no es mía, sino sentencia universal a lo largo de la historia.

 

            En resumen, no es tan caro el arte como parece.

 

               Benito Alvariño. Director.

 

 

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