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A VUELTAS CON EL PAISAJE

18/05/2014

No existe en arte un intento más noble que aquel que aspira a representar la naturaleza. Se conocen muchas fórmulas, todas válidas si son verdaderas, pero con seguridad no hay un sólo artista capaz de manifestar un total convencimiento de su trabajo ante tal reto. El hombre existe de acuerdo a un orden natural desde el principio de los tiempos y aunque este orden muta, cambia y se transforma de manera espontánea,  es tal su inmensidad que el ser humano se ve empequeñecido a poco que da en pensar sobre el misterio del origen.

 

Sirva esta reflexión para insistir en la idea de la representación del paisaje en la pintura. Adecuando la posición del artista al tiempo que le toca vivir, el paisaje como motivo pictórico será siempre sustancia fundamental de la sensibilidad artística, y como elemento invariable que nos acompaña es por lo tanto de obligada atención, sino como motivo a representar, sí como una de los grandes preocupaciones que surgen a la hora de comprender nuestra posición en este mundo.

 

Surgen nuevas tendencias, todo sucede ahora con mayor rapidez y nos acostumbramos a esperar algo nuevo cada día. Las estéticas varían, y en arte también. Pero si aceptamos lo anteriormente expuesto, pensemos que el motivo que mueve al artista a pintar paisaje es un sentimiento digno y veraz, inmutable. No caigamos en la tentación de rechazar el paisaje como algo caduco. Entendamos que siempre hay cambio, pero no nos dejemos impresionar por el arte dogmático que nubla la mente del público y también de los noveles artistas. Nuestro celebrado Antonio López continúa con respetuoso fervor retratando el paisaje convencido de su trabajo. Miquel Barceló lo interpreta con total clasicismo; Lucio Muñoz, con sus primitivas maderas no era más que un artista enamorado de la naturaleza.

 

¿ Más argumentos ?. No es necesario

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